jueves, 24 de mayo de 2012

Ojo con la Policía (Columna Bajo la Sombra del Olivo-Página Siete-24/05/12)


He afirmado en reiteradas oportunidades que el gobierno se encuentra más cómodo en circunstancias de efervescencia, en medio de conflictos, la mayoría de las veces generados por él mismo. La lógica del despelote permanente como modus vivendi parece responder a la idea de que la confrontación asegura la tensión necesaria de ciertos sectores con alta capacidad de presión, considerados como la base dura de apoyo al régimen.
Ese estado de crispación constante permite también mantener el volumen del discurso revolucionario en el máximo de decibeles, recurso que si bien mantiene en estado de sobre excitación a los más rudos, ha ido perdiendo paulatinamente su efecto en el resto de la sociedad, cada día más indiferente ante la retórica incendiaria del gobierno.
El escenario de la bulla y el alboroto pude servir muy bien para distraer atenciones y para invisibilizar una gruesa colección de problemas de gestión que aquejan al régimen, pero para que funcione así, el gobierno debe tener bajo control a los verdaderos factores de poder, los que en definitiva garantizan que la cosa no llegue a mayores. Aunque para muchos resulte algo temerario, se puede jugar con fuego e incluso con dinamita, siempre y cuando se tenga la certeza de que los que tienen capacidad de mover las cosas, están alineados, contentados o bajo control.
En este juego de tensiones, la sensación de zozobra y de desgaste es intrascendente si las viejas elites de banqueros, agropecuarios, empresarios y poderes regionales están más o menos acomodados y más o menos satisfechos con el estado de las cosas y con lo que el régimen les ofrece; lo mismo ocurre con la nuevas elites partidarias, burocráticas, cocaleras, “chuteras” y afines, esas sí, más que satisfechas; quedan los factores de apoyo externos (escenario con tendencia a desdibujarse), y, por supuesto, los dueños de los fierros, es decir las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional.
Entre éstos últimos, los militares no constituyen amenaza alguna, pues los mimos de los que han sido objeto se han traducido en un respaldo casi militante que no da lugar a dudas. Pero, ojo, con la Policía la historia no ha sido tan bonita y ha estado más bien marcada por permanentes sobresaltos. Los relevos y destituciones de sus altos mandos han sido acompañados por una seguidilla de plazos y conminaciones para una reforma imposible de llevar a cabo en una institución aquejada de problemas estructurales, y de una injerencia política consuetudinaria.
Hace unos días, a raíz de la actuación policial en torno al bloqueo de los choferes, el país se lamentaba del uso de una institución armada al servicio de los intereses políticos del partido de gobierno; curiosamente, al tiempo que esto ocurría, el ministro de gobierno enfrentaba un escenario de dilaciones, encubrimientos y desacatos en el caso de los cadetes de la Unipol, y la ministra de transparencia denunciaba amenazas policiales en su contra.
La crisis policial ahora parece haber alcanzado otra dimensión con un nombramiento que vulnera una serie de normas, y que ha causado airadas reacciones en ciertos mandos; la ocasión ha sido propicia también para que el general Sanabria encienda el ventilador desde su cautiverio en Miami, lo que no hará otra cosa que agravar un ambiente que sin duda preocupa al gobierno.
Un panorama turbio en el que lo único que queda claro, es que puede ser muy complicado administrar la conflictividad con una policía al borde del amotinamiento. 

lunes, 14 de mayo de 2012

El turno de Francia y Grecia (Artículo Suplemento Ideas-Página Siete-13/05/12)


Europa sigue crujiendo ante la crisis en un escenario cada vez más complejo. Los resultados electorales de la última semana en Francia y en Grecia, son las nuevas facturas políticas que la ciudadanía le está cobrando al brutal ajuste económico en marcha; hasta el año pasado, todos coincidían de alguna manera en que la crisis movía el péndulo electoral y cambiaba gobiernos, independientemente si eran de izquierdas o de derechas; ahora en cambio, parece ser el método de afrontar la crisis, es decir el ajuste de austeridad, el que determina resultados.
Queda claro en cualquier caso, que tanto la crisis como los intentos de resolverla, tienen obviamente efectos electorales, pero también consecuencias en la redefinición del mapa político de los países afectados. A estas alturas, ya nadie puede seguir pensando que se trata únicamente de una crisis financiera que se puede explicar y seguir a través de indicadores como las bolsas o las calificaciones de riesgo de deudas; el alcance de la crisis trasciende los ámbitos financieros y económicos.
El caso de las presidenciales francesas ha puesto en evidencia una importante presencia electoral de candidaturas más radicales en los extremos, tanto en la izquierda como en la derecha; la candidata del Frente Nacional Marine Le Pen (que obtuvo casi el 20% en la primera vuelta), atestó además el golpe de gracia al presidente Sarkozy, negándole su apoyo en la segunda vuelta y precipitando así su salida del escenario político, lo que ha sumido a la centro derecha en una profunda crisis; el resultado, un partido de extrema derecha como el referente actual más claro del conservadurismo.
La victoria del socialista Francios Hollande le complica la vida también a la señora Merkel, que pierde a su principal aliado en la Unión Europea, y que debe sentarse a negociar con un presidente francés que ganó la elección con la promesa del crecimiento en vez de la austeridad, y que intentará deshacerse de los compromisos y pactos presupuestarios impuestos por Berlín, una misión imposible que hará aterrizar rápidamente a la realidad al nuevo inquilino del Eliseo.
La fractura de la poderosa y decisiva dupla Merkel-Sarkozy, y la percepción de que es un absurdo seguir sosteniendo a una Grecia “que no quiere dejarse ayudar”, está haciéndoles perder la paciencia a los alemanes, un poco hartos ya de llevar el peso de la crisis sobre sus espaldas.
Esto porque las legislativas griegas también le pasaron factura al ajuste, con resultados aún más alarmantes; la izquierda radical, nutrida por el apoyo anti austeridad, terminó en segundo lugar imposibilitando cualquier posibilidad de una coalición de gobierno, al punto en que se habla ya de una convocatoria a nuevas elecciones. Pero la “sorpresa” estuvo firmada por el abrupto y significativo ascenso electoral de un partido neonazi, que alcanzó el cuarto lugar con más del 12% de los votos. El reflujo de fuerzas extremistas ya ha puesto en jaque al sistema político griego, y está empujando al abismo a un país quebrado, que seguramente no resistirá más juegos. Se abre con ello nuevamente la posibilidad de una salida del euro, que podría marcar el principio de una implosión hacia el sálvese quien pueda.
Pero a los efectos electorales y políticos de la crisis, sobrevendrán con seguridad las consecuencias sociales de una ciudadanía que todavía resiste aturdida el impacto de los recortes, en un clima de descontento y convulsión crecientes. El verdadero problema europeo vendrá cuando los maltrechos votantes asuman que sus virajes y corcoveos electorales afectan en poco o en nada el curso de la receta anticrisis. Independientemente del cambio de escenarios políticos, la cruda realidad se encargará de demostrarles que el ajuste estructural neoliberal dictaminado por la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo, no es un asunto al alcance de sus decisiones.
Además de padecer el desempleo, los recortes en salud y educación, el deterioro de la seguridad social y, en general, el derrumbe del estado del bienestar, tendrán que sufrir el desencanto de la traición de nuevos gobiernos que se erigen sobre postulados ideológicos y sucumben rápidamente ante los dictados del mercado y de la economía. Si la receta no funciona, tal como no funcionó en estas latitudes, pasarán de la euforia del optimismo a la desilusión una y otra vez.
De allí al desborde social hay sólo un paso. Cuando la precariedad aprieta en el cuello, cuando se pierde la perspectiva y la noción de futuro y cuando el sistema de representación política deja de dar respuestas, allí es cuando la energía social  se torna anti sistémica.
Allí es donde se empiezan a escribir cartas como la que se publica en el blog elhombrebizantino.wordpress.com; en ella el bloguero, después de levantarle la madre a Rajoy, termina deseándole que se encuentre lejos de la Moncloa, camino al exilio en Berlín, cuando la sociedad española se rebele, salga a la calle, tome los poderes públicos, disuelvan los partidos, cambie el sistema electoral y convoque a una Asamblea Constituyente, porque si no es así, le advierte que la va a ir mal, pero muy mal.

martes, 8 de mayo de 2012

¡Referéndum para la Ley de Transporte, ya! (Columna Bajo la Sombra del Olivo-Página Siete-10/05/12)


Se equivoca olímpicamente quien piense que lo que está pasando es un enfrentamiento entre los transportistas y la alcaldía; el problema lo tenemos los ciudadanos con un sistema de transporte pésimo e insostenible, y con un gremio abusivo, prepotente, acostumbrado a pisotear nuestros derechos y nuestra calidad de vida cuatro veces al día. La alcaldía paceña simplemente está cumpliendo con su obligación y respondiendo a una demanda unánime, en procura de una solución estructural para el tema  del transporte público en nuestra ciudad.
Solamente el gobierno nacional, una vez más errado en su lectura, pensó que podía sacar algún provecho político de una situación que teóricamente iba a lastimar al municipio paceño, y apostó por apoyar a los transportistas instruyendo a la policía a que, con su ausencia, alentaran todos los atropellos posibles. Esa complicidad política con la delincuencia, el trago a raudales, y el patoterismo alevoso que siempre los ha caracterizado, nos regalaron imágenes inolvidables como las de la avenida Zavaleta, en la que los choferes impedían el paso de una ambulancia, pero minutos después abrían paso a un vehículo oficial.
¿Habrá pensado el ministro de gobierno que permitiendo el colapso de la ciudad, iba a amedrentar a los paceños, o que iba a politizar el asunto, victimizando a los transportistas y satanizando al municipio? Me pregunto, ¿Hace cuánto tiempo que la autoridad no se sube a un minibús? El tema para la inmensa mayoría de la gente de a pie no es político, pero sí es un asunto extremadamente serio que tiene que ver con el modelo de ciudad que aspiramos y merecemos. Aquí no hay lugar para la maniobra política ni para el discurso intrigante, por la sencilla razón de que todos conocemos el problema a fondo en la medida en que lo vemos de cerca y lo sufrimos todos los días.
No hace falta ser un experto para darse cuenta que las deficiencias en el servicio han llegado a un punto en el ningún tipo de parche o medida parcial serán suficientes para arreglar un problema que hasta ahora nadie se había atrevido a enfrentar seriamente. La única solución posible pasa por una profunda reestructuración del sistema de transporte, tránsito y vialidad, que contemple la planificación, la gestión y el control, desde el municipio.
La Ley Municipal de Transporte y Tránsito Urbano es el instrumento que finalmente ha tomado al toro por las astas, y que reúne las soluciones integrales para un nuevo pacto ciudadano; el problema es que los usuarios enfrentamos la impotencia de no poder expresar sanamente nuestro apoyo a dicha medida, por lo que es necesario que se convoque a un referéndum para ratificar o rechazar la iniciativa municipal.
Las manifestaciones de apoyo, aunque importantes y significativas, no serán suficientes para sostener en el tiempo la presión corporativa de los millonarios sindicatos del transporte, y el enfrentamiento entre civiles, extremo tan azuzado últimamente desde el poder, obviamente tampoco es la solución. Un tema tan trascendente debería ser dirimido a través del voto y la participación democrática de los interesados/afectados; no se trata de inventar nada: los mecanismos legales para un referéndum de este tipo existen, y si los transportistas tiene una mejor solución, incluso podríamos elegir entre la alternativa que ellos propongan y la ley en vigencia.
Estamos en un punto de inflexión en el que solamente podremos legitimar nuestra posición a través de la participación democrática; allí, en las urnas, veremos quién pesa más.         

lunes, 30 de abril de 2012

La distracción de la coyuntura y del conflicto permanente (Artículo Suplemento Ideas-Página Siete-29/04/12)


Otra vez estamos todos metidos en la coyuntura, absortos en la conflictividad social y en el ejercicio prospectivo, que ya se ha convertido en el único deporte nacional en el que todos los bolivianos coincidimos. Unos desde el terreno profesional, y otros desde lo amateur, quién más y quién menos, desplegamos todas nuestras capacidades y talentos para el pronóstico cotidiano del despelote político y sectorial, empleando toda nuestra energía en predecir escenarios, posicionamientos, tácticas y estrategias de los múltiples actores en conflicto.
Si bien puede ser cierto que la actual coyuntura, marcada por el TIPNIS, la novena marcha indígena, la candente conflictividad sectorial y la posibilidad de que la marcha concentre tensiones, veo muy difícil que se pueda reeditar un fenómeno equivalente al de la marcha del año pasado. La empatía de las clases medias con los indígenas marchistas fue en su momento muy espontánea y no tuvo como telón de fondo escenarios tan trabajados y complejizados como los actuales.
Por otro lado, los conflictos sectoriales en curso son dispersos, no tienen una expresión política claramente definida, y menos aún la necesaria articulación política que les de forma y proyección. Tengo la impresión de que se la ha otorgado desde diversos sectores, demasiado peso a una movilización y a un conflicto de principios, pero también de intereses, esperando que de allí surjan las sorpresa deseadas por todos.
Para que la esperada catarsis ocurra nuevamente, tendría que darse alguna enorme torpeza en la administración del conflicto, que ocasionara por ejemplo un enfrentamiento entre civiles, con derramamiento de sangre. Tampoco creo que esto sea muy probable desde un gobierno que ha recuperado parte de su cintura política; pero claro, nunca se puede desechar tal posibilidad, sobre todo cuando existen antecedentes tan frescos.  
Las apuestas van desde las posiciones más ingenuas y “optimistas” que creen que ésta vez se puede tumbar al gobierno, pasando por los más moderados que se las juegan por un revés que debilite significativamente al gobierno, poniendo en riesgo sus posibilidades electorales para la reelección. Yo estoy entre los que cree que guerra avisada no mata moros, y que en este fango muchos no tienen la espalda para nadar, otros se ahogarán, y saldrá mejor parado el inventor del barro, es decir el gobierno.
La realidad nos indica que es en la hiperconflcitividad, muchas veces generada por él mismo, en dónde el gobierno se encuentra más cómodo y más a gusto; generalmente les va bien en el conflicto porque a final de cuentas son los únicos con la capacidad de controlar los factores duros de poder, que garantizan el statu quo; “los fierros” están en orden, las elites económicas (las tradicionales y las nuevas) están más que satisfechas y la base dura de apoyo social todavía es muy fuerte.
Cualquiera fuera el desenlace de este nuevo conflicto, lo que preocupa realmente es que loa actores políticos, los analistas, los medios, las organizaciones sociales, los intelectuales y por ende la ciudadanía en general, estamos siendo patéticamente funcionales al juego del gobierno. Desde la estrechez de la especulación coyuntural, o desde la lectura intelectualizada y teórica del proceso constituyente, el resultado en ambos casos es que nos estamos perdiendo en el intento por desentrañar una realidad enlodada por la práctica y el pragmatismo político del día a día.
Esta permanente distracción no nos está permitiendo concentrarnos en el fondo de lo que realmente puede estar ocurriendo; un desajuste social, entre clases empoderadas y ascendentes que reflejan bonanzas nunca antes vistas, y grandes masas de asalariados que no han sido invitados a la fiesta y que deben subsistir en crecientes condiciones de precariedad; una economía que acumula condiciones hiperinflaacionarias; un modelo capitalista con un libre mercado cada vez más salvaje; un vacío estatal paradójicamente repleto de leyes que nadie conoce ni comprende; en suma, un país en el que la simbología política ha cambiado, pero en el que persisten, o peor aún, se acrecientan las inequidades y las desigualdades.
El conflicto  y el desborde permanentes, azuzados por el régimen, a veces bajo control y otras veces en la improvisación táctica, camuflan de forma muy eficiente la ausencia de gestión y la acumulación de problemas irresueltos en temas de altísima sensibilidad económica (hidrocarburos, endeudamiento interno, déficit fiscal, uso de reservas internacionales, etc.)
En el bullicio de la confrontación, lo único que avanza viento en popa es la acumulación hegemónica de poder, la conformación de pactos y alianzas tácitas del gobierno con poderes económicos y regionales, otrora opositores, y la popularidad del presidente, que maneja con gran pericia los apoyos y los miedos que lo convierten en figura imprescindible.
Así vamos, de tumbo en tumbo, bailando todos con la música que pone el gobierno. 

jueves, 26 de abril de 2012

Entre el Barça y el Real, ¡Que viva el Strongest! (Columna Bajo la Sombra del Olivo-Suplemento Ideas-Página Siete-26/04/12)


Llámenme exagerado, intolerante, extremista o lo que quieran, pero me da lo mismo: hay cosas que realmente no soporto. Quizás ya me estoy poniendo medio viejo (o medio vieja me dirán algunos), quizás no soy capaz de evitar esa manía de hacer y hacerme lío de sonseras aparentemente intrascendentes, o quizás simplemente mis fusibles y termostatos internos ya me han comenzado a marcar un límite con la manera boba y acrítica en que vivimos este mundito moderno y globalizado.
Las reacciones y actitudes que generan la liga española de fútbol y la Champions League europea, son una de esas cosas que terminan causándome sensaciones de perturbación y desasosiego. Cientos de individuos haciendo alarde público de un fanatismo desbordante que hace palidecer al más monárquico de los madrileños o al más nacionalista de los catalanes, ¡por el Real Madrid o por el Barcelona! Realmente increíble.
El Facebook es por supuesto la tribuna predilecta para la expresión de esas pasiones instantáneas que, francamente, no acabo de comprender. Está bien que nuestros hijitos, que han nacido y vivido bajo la dictadura del marketing interplanetario, se apunten con entusiasmo al equipo de sus ídolos deportivos; eso se puede ser normal. Pero que gente grande, que poco o nada tiene que ver con esos clubes, se lance en esa furiosa militancia, me asusta un poco.
Puede entender que haber vivido largos años de infancia o juventud en España pueda generar un apego natural al Barca o al Madrid, o que tener papá o familiares próximos españoles reflote una identificación por herencia, pero el individuo que, así por así, se compra causas y glorias ajenas y las reivindica como propias, no deja de sorprenderme.
Yo también veo y disfruto los partidos de esos dos equipazos que reúnen lo mejor del fútbol mundial, evidentemente; y muchas veces también me ocurre tomar partido por alguno de ellos; porque juegan distinto, porque encarnan instituciones diferentes, el Madrid, supergaláctico, el Barcelona más proclive a desarrollar sus canteras; o porque entre el insufrible Mourinho y el altanero Cristiano Ronaldo, me quedo con el parco Guardiola y el discreto Messi. Pero, la verdad, al final del día me tiene sin cuidado quién pierde o quién gana, o cual de los dos acumula más glorias.
Yo soy del Strongest y punto; ¿y es lo normal, no? Es un equipo de mi país y de mi ciudad al que me ligan una y mil razones, y al que le dedico todas mis pasiones y miserias. Lo mismo les ocurre a mis archirrivales bolivaristas, que cuando de derramar ímpetus se trata, no dudan en hacerme la vida imposible. Y eso es lindo; es lo que no separa, pero lo que también nos une de alguna manera. Nuestros equipos están lejos de ser una maravilla, pero de allí venimos, y significan mucho para nosotros.
Lo otro me deja un gusto rancio de desarraigo y enajenación. Parece que con el paso del tiempo y del dinero estamos perdiendo el reparo y la vergüenza a engancharnos alegremente a cualquier cosa que nos dé la sensación de ser parte de algo, por muy lejano y extraño que fuera. Pasa en el fútbol y pasa en la vida cotidiana, en la que ya ni nos arrugamos el rato de celebrar con fruición el Halloween o el Valentine´s Day. ¿Qué será lo próximo? ¿Bocinazos en la calle el día del Superbowl?
Algo muy raro nos está pasando ¿O seré yo, que no he entendido nada y que me resisto patéticamente a aceptar éste mundo al revés?

miércoles, 18 de abril de 2012

Los adefesios del mes (Columna Bajo la Sombra del Olivo-Página Siete-19/04/12)


1.- El rey de España de cacería. Mientras su reino se cae a pedazos, su majestad el rey Juan Carlos se va de safari a matar elefantes a Botsuana. Parece que el monarca eligió una presa muy grande, porque en vez de volver con un par de colmillos al hombro, volvió en camilla con la cadera rota. Lo que todavía no se sabe, es si el accidente sufrido ocurrió en un heroico enfrentamiento con los paquidermos, o mientras correteaba a la rubia alemana de 46 años que organizó la aventura. Según la prensa internacional, Corinna zu Sayn-Wittgenstein, que compró un título que la convirtió en “princesa”, es la noviecita del rey, y se dedica a organizar safaris para nobles, millonarios y celebridades, con la promesa de “satisfacer todas las necesidades” y garantizar “únicamente los mejores disparos”. Parece que ésta vez al rey le falló la puntería. Llovido sobre mojado, sobre todo para el sucesor, el príncipe Felipe, que tendrá que heredar además los problemas de corrupción de su cuñadito, en un país que mira estupefacto la conducta y el ritmo de vida de su monarquía, desde la angustia del descalabro económico y el inminente rescate.
2.- Evo Morales en el besamanos del Picacho. El presidente, el mismo que agredió reiteradamente a Jaime Paz Zamora en su discurso inaugural en el congreso frente al mundo entero, enfiló su comitiva directo a la célebre finca tarijeña para felicitar a su predecesor por su cumpleaños. La reacción del ex mandatario ante la “inesperada visita” no se dejó esperar, y dijo que consideraba que el MAS lo estaba sondeando políticamente, y que “ese huevo pide sal”. En este caso sí que habrá que recurrir a un yatiri para interpretar tal gesto, pues a los analistas políticos se les ha caído la mandíbula hasta el piso. Sabíamos ya que el nuevo conservadurismo encarnado por el MAS está tejiendo alianzas de todo tipo con los grupos de poder en el oriente y en sur, pero este coqueteo con el máximo referente de la democracia pactada es francamente inaudito. Creo que el felicitado tenía razón nomás en eso de que somos un país de ganadores.
3.- La alcaldía de La Paz decide que no somos un estado laico. Cuando todos pensábamos que la nueva constitución había establecido que nuestro nuevo estado es laico, la alcaldía paceña decidió mandarse un acto de pechoñería, amparándose en una resolución del consejo de no sé hace cuantos años, para prohibir el expendio y el consumo de alcohol en Semana Santa. La decisión, seguramente tomada como gesto de provocación a la gobernación departamental, no fue otra cosa que un flagrante atentado contra nuestros derechos constitucionales, contra la libertad de las personas, y contra el ejercicio empresarial de miles de personas que sufrieron la agresión de agentes municipales. Señor alcalde, la próxima vez que quiera medir fuerzas con el gobernador, por favor no ponga en el medio nuestro sagrado derecho a beber en libertad.
4.- El facho noruego inspirado en el TIPNIS. El fundamentalista cristiano de ultraderecha Andres Breivik, que masacró a 77 personas en dos atentados terroristas, dijo en su alegato de defensa, que actuó en una lógica similar a la que impulsa las reivindicaciones de los indígenas bolivianos; dice que actuó apelando al derecho universal de los pueblos de defender su cultura y su etnia, igual que los bolivianos (¿?). Un botón de muestra de la podredumbre política que arrecia en Europa, y sin dudas el primer premio en los adefesios del mes.

lunes, 16 de abril de 2012

Un nuevo espejito en la baratija del TIPNIS (Artículo Suplemento Ideas-Página Siete-15/04/12)


Cada coletazo del culebrón del TIPNIS nos confirma la envergadura de sus alcances, pero sobre todo, la poca transparencia con que el gobierno ha manejado este tema desde el inicio. Cada nuevo capítulo de esta lamentable telenovela no hace otra cosa que ratificar que la construcción de la carretera se ha constituido en una acumulación de desaciertos de todo tipo, que, lejos de resolverse o esclarecerse, se enturbia progresivamente.
Tantos errores se han cometido en la concepción del proyecto y en la administración de los conflictos que éste generó, que hoy, todas las acciones y explicaciones que el gobierno se afana en dar, agrandan el manto de duda y sospecha sobre su legalidad y su legitimidad.
La última decisión de anular el contrato de construcción con OAS, ha querido ser presentada por el gobierno como una heroica iniciativa orientada a defender los intereses del estado castigando una serie de incumplimientos de parte de la empresa. Seguramente han debido haber muchas infracciones a un contrato que además fue calificado desde hace tiempo por varias instituciones y expertos como irregular, pero el verdadero trasfondo jurídico para la resolución del contrato, al parecer tiene que ver con el impedimento legal surgido a raíz de la ley corta promulgada el año pasado; los financiadores de la obra habrían señalado que no pueden continuar un  proyecto que, a partir de la declaratoria de intangibilidad del TIPNIS, es sencillamente ilegal.
Otra vez el gobierno intenta entonces vendernos gato por liebre, forzando figuras a su antojo político. La consecuencia jurídica de la derrota sufrida a partir de la VIII marcha indígena, se la quiere presentar como un acto de fiscalización y un gesto anti corrupción que, a juicio del vicepresidente, debería además determinar la automática suspensión de la IX marcha, prevista para las próximas semanas.
Otra vez el cálculo político como rasgo esencial y característico de todas las decisiones desde el vértigo del poder; sin tomarse la molestia siquiera de decirnos por qué no se dio las explicaciones pertinentes oportunamente acerca de los obstáculos derivados de la ley corta, la única pulsión del gobierno es tratar de aprovechar las circunstancias para desarticular un escenario de concentración de tensiones y conflictos, a partir de la adhesión de sectores urbanos a la causa de los marchistas.
Con estas astutas movidas, el gobierno cree estar ganado tiempo para terminar de debilitar a las organizaciones indígenas que todavía no han sucumbido a la presión y a la grosera e indiscriminada repartija de prebendas, que recuerdan a los espejitos con que los conquistadores solían marear a los indígenas originarios.
Al margen de las incongruencias, las contradicciones, el abandono de principios y, en suma, el daño estructural que la obstinación por la carretera le ha ocasionado al gobierno y al presidente, el proyecto sigue vigente y ha sido ratificado como una necesidad estratégica, cueste lo que cueste. La recisión del contrato pretende ordenar en algo el desbarajuste, legitimar la consulta previa, que obviamente no era previa y que ahora, con este pase de magia lo sería, y retomar el proyecto asumiendo un retraso que tendrá que ser explicado como un inconveniente inevitable a los diversos interesados en el camino (léase IIRSA, gobiernos regionales, cocaleros, madereros, colonizadores, empresas petroleras, etc.).
Por esa razón, lo más probable es que la marcha no va a detenerse, y seguirá siendo para el gobierno el riesgo y la amenaza de que a su llegada a La Paz, por muy debilitada que estuviera, coincida en términos de tiempo con la explosión de otros conflictos sectoriales irresueltos hasta el momento. El gobierno lo sabe y trabaja a contra reloj en distintos frentes, en los que ya no puede cooptar a las dirigencias debido a la fuerte presión de las bases.
Así navega el gobierno: a tropezones, contra la corriente, en medio de sordas disputas internas, y con la necesidad recurrente de tener que acudir al uso de fuegos artificiales para distraer a la platea. El inconveniente es que a estas alturas ya nadie le cree; el discurso ha perdido sus efectos y ya no opera como elemento movilizador ni siquiera en las filas de sus aliados circunstanciales, lo que le obliga a medidas de hecho cada vez más audaces y riesgosas.
Habrá que ver en los próximos días con qué otra cosa nos sorprenden frente a las movilizaciones de médicos, maestros, fabriles, universitario, juntas vecinales y otros sectores que no aflojan su asedio a una presa en apuros. ¿Tendrán que recurrir acaso a métodos y prácticas que en el pasado ellos mismos concebían como inadmisibles? ¿Tendrán que apelar el auxilio de aliados insospechados? ¿Tendrán que violarse nuevamente para explicar lo inexplicable?
Qué difícil resulta intentar comprender la conducta de un gobierno que en los dos últimos años se ha desfigurado a un grado en que resulta irreconocible para propios y extraños.